Fair Play

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viernes, 28 de junio de 2013

SERGIO RAMOS, ANDRES INIESTA...


Andrés Iniesta y Sergio Ramos, junto con sus compañeros de selección en el encuentro contra Italia, semifinal Copa de Confederaciones…

 
Ver como se llegó a la final hace que el valor de la misma se multiplique, ya que en las condiciones en que la Selección Española y la italiana jugaron solo es posible con jugadores de máximo rendimiento, inteligencia y corazón.


 
Valorar este esfuerzo en el final de una temporada cargada de encuentros solo me es posible por la grandeza que supone estar y mantener esa línea que lleva a la Roja a ser considerada la mejor Selección de la Historia.

 
Hacer ésta distinción es por diferenciar dos personalidades tan distintas pero a la vez tan necesarias y que hacen que hoy el mundo del fútbol este tan de acuerdo como para aceptar a jugadores de Talento y no solo aquellos que mostraron sus mejores capacidades físicas. 

 

Sergio Ramos en toda su plenitud con un desgaste enorme, con esa pasión que le hace uno de los jugadores con más alto rendimiento del Mundo. Es cierto que mucha de ésta energía en ocasiones se dispersa, pero el continua y continua derrochándola  con generosidad sin mirar las consecuencias que ello  puede tener ya que su único objetivo es conseguir la victoria y ayudar a su equipo, a sus compañeros.


 
Andrés Iniesta por el contrario es la economía del esfuerzo, la inteligencia, el equilibrio del  gasto energético. Sus apoyos y la mirada al contrario para decidir, si sale por la derecha, inclinando el hombro hacia un lado para en una acción reacción girar y con su exterior del pie derecho buscar el paso cambiado del contrario para eliminarlo, avanzar para pasar, asistir,  o buscar el tiro.


 
En un encuentro de grandísimo desgaste físico y psíquico acabó sin que aparentemente se le notara el desgaste y la pérdida de peso por el calor reinante, la humedad y el esfuerzo continuado de uno contra uno, apoyos defensivos y ofensivos, contactos directos con golpes y caídas, que a lo largo de los 120 minutos sucedieron.

 

Sergio inexpugnable en su zona de central izquierdo, anticipando, marcando con furia dentro de su zona de influencia, impecable en los saltos de cabeza y manteniendo a raya a los delanteros rivales, impuso ese sello que hace que sus compañeros confíen ciegamente en que cuando llegan a él ya no siguen.

 
 
 



Andrés, tácticamente situado en esa zona de medio campo, banda izquierda preferentemente, realiza un trabajo ofensivo muy importante para el equipo. Su defensa inteligente le permite  apoyos de presión,  robo de balones y coberturas sin entrar en contactos aunque en ocasiones es inevitable.

 
 
 
 

Verle controlar el balón, pensar, decidir, ejecutar en tiempo y espacio, acción reacción, descargar el peso del cuerpo para con apoyos cortos, precisos, desequilibrar derecha izquierda  con esa armonía y delicadeza, que parece que para los contrarios es imposible ni tocarlo, es la belleza, la armonía llevada al extremo.

 
Jugar una prorroga y mantener tan alto rendimiento tan solo es posible con capacidades excepcionales. Sergio Ramos y Andrés Iniesta, que  no se parecen en casi nada nos muestran el equilibrio para compensar las líneas de un equipo y ahí es el entrenador, piedra angular y en nuestra Selección, Vicente del Bosque, el que sabe evaluar, situar y proteger las individualidades para conseguir que jugadores tan distintos puedan ser a la vez tan compatibles.

 
El próximo encuentro, la final contra Brasil, volver a comenzar. Ese ambiente hostil contra la selección, nos mostrará si el “miedo” a la Roja se traduce en más rendimiento, pero eso será otra historia

 

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